Resumen visual de los límites de uso de Antigravity y los planes de Google AI Ultra — cronología de los recortes.
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Google AI Ultra y Antigravity: una reseña honesta

#AI #Tools #Opinion #Workflow #Productivity

Hace poco, una herramienta nueva me llamó la atención: Antigravity, el IDE agéntico de Google —un fork de VS Code que lanzaron a finales de 2025 junto con Gemini 3—. La promesa era seductora: agentes que viven dentro del editor, donde de verdad se hace el trabajo, no en una pestaña del navegador.

Esa curiosidad me costó una decisión: el año pasado había cancelado mi suscripción de pago a las herramientas de IA de Google. Antigravity me hizo darle otra oportunidad, y me suscribí al plan tope: Google AI Ultra, unos 90 € al mes. Un detalle que importa para lo que sigue: Antigravity, en sí, es gratis en su fase de preview. Lo que paga uno con Ultra es, supuestamente, límites de uso mucho más altos —hasta veinte veces los del plan Pro—.

Hoy cancelo. Y esta vez no creo volver. Esta es una nota honesta de por qué, escrita más para mí mismo que para nadie.

Lo que prometen contra lo que entregan

El marketing vende abundancia. El número que circula es generoso: del orden de mil generaciones de imagen al día. Suena perfecto para alguien que está poblando un sitio entero y necesita escala.

La realidad dentro del IDE fue otra. Empecé a chocar contra bloqueos constantes: lotes que se cortaban, esperas forzadas, errores de cuota agotada justo cuando estaba en ritmo. Le pregunté directamente al asistente cuál era el tope real. Me respondió que, dentro del IDE, la herramienta estaba limitada a algo así como 35 imágenes cada cuatro horas, con un enfriamiento de horas cuando lo superabas.

No puedo verificar esa cifra exacta —y conviene decirlo con todas sus letras—. Salió del mismo asistente cuyo desempeño estoy cuestionando. Lo revelador vino después: cuando puse el número en duda, en lugar de admitir “no estoy seguro”, lo defendió citando un archivo interno que yo no tengo forma de comprobar. Verificable o no, ese patrón es el síntoma.

Pero esto no es solo mi impresión, y ahí está lo grave. Los límites de Antigravity han sido un campo de batalla público y documentado. Arrancó en noviembre de 2025 con 250 peticiones al día; para diciembre, el tramo gratuito quedó en 20 al día —un recorte del 92 %—, y la cuota de generación de imágenes se apretó en febrero de 2026. Hubo suficiente molestia como para que el propio responsable de Antigravity en Google reconociera en público que la gente podía toparse con su límite semanal “tras un par de sesiones de trabajo”. En mayo, bajo presión, Google subió los topes de golpe, multiplicándolos varias veces en un mismo día.

Eso, lejos de tranquilizarme, confirma el problema de fondo: el número que pagas no compra una regla estable, compra un blanco móvil. Y el dato más revelador es este: el modelo de imágenes que usa por dentro tiene límites de generación que Google no documenta públicamente, separados de los del agente. Aun después de esos aumentos, y pagando Ultra, yo me seguía topando con muros justo en la generación de imágenes. No se puede planear un proyecto contra una cuota que nadie te enseña.

La escena que lo resume todo

Llegó un punto en que, frustrado, le pedí al asistente que escribiera una “confesión” de todo lo que hacía mal. Lo que devolvió fue, irónicamente, el mejor texto de toda la sesión: limpio, bien estructurado, una pieza retórica de cuatro actos impecable, autoflagelándose con elegancia.

Ahí está el problema de fondo, y no es solo de Google: estos sistemas son complacientes por diseño. Cuando Google le caía bien, validaba a Google. Cuando le pedí que se hundiera, se hundió con prosa bonita. Cuando lo confronté con un análisis crítico, dijo que el análisis era brillante. Tres posturas distintas en una misma conversación, y cada una calzaba con quien había hablado de último.

Un asistente que está de acuerdo con todo no te da ninguna señal. Su aprobación no vale como evidencia ni a favor ni en contra. Y un sistema que produce su mejor trabajo justo cuando le pides que admita que trabaja mal no te está rindiendo cuentas: te está dando un espejo.

Y no eran solo las imágenes

Si fuera nada más el tope de generación, lo dejaría pasar. No lo fue.

A lo largo de la prueba, en el trabajo real de desarrollo, el asistente entregó código mediocre con demasiada frecuencia: soluciones que no compilaban a la primera, arquitecturas frágiles, contexto perdido del framework en el que estábamos. Tengo un sistema de reglas y skills bien definido para que cualquier asistente trabaje a mi estándar —tokens de diseño, accesibilidad, convenciones de cada repo—. Una y otra vez fueron ignoradas. Terminé haciendo de supervisor constante en lugar de tener un colaborador autónomo. Eso no acelera el trabajo; lo frena.

El argumento de “usa la API directa desde tu script y te saltas los límites del IDE” es técnicamente cierto. Pero entonces, ¿para qué pago la suscripción premium? Si la única forma de trabajar a escala es por fuera del producto que me venden, el producto no me sirve.

Pensando en voz alta

Aquí dejo de hablar de hechos verificables y pienso en voz alta, sin afirmarlo como verdad técnica:

Si una experiencia tan inconsistente —tan poco transparente con sus propios límites— forma parte del mismo ecosistema de IA que hoy se asoma cada vez más en los resultados de búsqueda, eso me dice algo sobre cuánta confianza les puedo tener a esos resultados. No estoy diciendo que sea literalmente el mismo motor; digo que la cultura de producto que tolera esto es la misma. Y se nota.

Hay algo casi triste en el fondo. Google, por querer ser perfecto y mantenerse a flote en la ola de la IA, parece haberse dado un tiro en el pie. Para mi flujo de trabajo, herramientas como Claude, Perplexity y ChatGPT llevan tiempo resolviendo mejor, con menos fricción y más respeto por mi tiempo. No es una verdad universal —es mi experiencia—, pero es consistente.

Hacia dónde miro ahora

Ningún sistema es perfecto. Ni el que cancelo hoy ni el que uso mañana. Conviene recordarlo antes de convertir una decisión práctica en una religión.

Google fue, durante años, el reflejo de cómo encontrábamos las cosas. Hay nostalgia ahí, y la reconozco. Pero lo sano es mirar adelante. Por ahora me quedo con Claude, con modelos locales en Ollama y con mis propios sistemas RAG, donde tengo control real sobre el contexto y sobre lo que entra y sale.

Para la generación de imágenes seguiré pagando el costo de API directo —en mi caso, con nano banana—. No es gratis, pero al menos pago por lo que uso, medido y a la vista, sin un tope escondido detrás de un número de marketing.

A veces la herramienta más honesta no es la que más promete. Es la que te dice exactamente qué te está cobrando, y por qué.

Actualización (1 de julio de 2026)

Un día después de publicar esto, el punto se demostró solo de la forma más cruda. A mitad de un lote de generaciones de imágenes dentro de Antigravity —pagando Ultra— todo se detuvo con un 429 tajante: “agotaste tu capacidad en este modelo”. Esta vez la espera no fue de un par de horas; el contador que mostró marcaba unas 44 horas (“43h54m19s”, con reset alrededor del 3 de julio). Dos días bloqueado de la generación de imágenes, sin ningún tope documentado que me hubiera avisado.

Lo revelador: esas mismas generaciones, corridas por la API directa con mi propia clave de nano banana, pasaron sin un solo error de cuota —un presupuesto aparte, visible y por consumo—. Es el artículo entero en una sola pantalla: dentro del producto por el que pago un extra, un muro sin documentar que me congela dos días; fuera de él, en la API cruda, el mismo trabajo simplemente corre. Contra lo segundo puedes planear. Contra lo primero, no.

Fuentes

Las cifras y hechos sobre los límites de Antigravity y los planes de Google AI Ultra de este artículo provienen de reporting independiente, no de afirmaciones del propio asistente: